Select Page

La invasión de Rusia a Ucrania (difícilmente se puede ver esto como una confrontación bélica entre dos naciones) ha provocado un repudio contundente de gran parte del mundo occidental a Vladimir Putin. Hasta algunas naciones como Hungría y Chequia lideradas por Viktor Orban y Milos Semana, respectivamente, quienes en el pasado habían sido partidarios de Putin, hoy se han desmarcado de tal arbitrariedad.

En estos tiempos de la cultura woke era de esperarse que tarde o temprano llegaría al medio de las artes el actual debate moral: ¿Se deben de mantener los contratos de todos los artistas rusos o solo de aquellos que han repudiado las acciones de Putin? Esta situación no es nueva en la historia de la humanidad: como lo ha señalado en redes sociales el escritor y divulgador musical Gerardo Kleinburg; durante la segunda guerra mundial la Filarmónica de Nueva York seguía programando música de Richard Strauss quien en su momento fue Presidente de la Música de Cámara del Reich (cargo honorífico); hay programas de 1944 que incluyen “Muerte y Transfiguración” y “Así hablaba Zarathustra”, pero es importante señalar que para 1944 Strauss ya no ocupaba tal puesto: lo hizo de 1933 a 1935, fue cesado después de que la Gestapo le interceptó una carta dirigida al gran escritor judío Stefan Zweig en la que rechazaba los ideales arios nazis. Strauss no es entonces un caso referencial. Años antes, en 1918, durante la Primera Guerra Mundial, el director de orquesta alemán Karl Muck, director de la Sinfónica de Boston, fue llevado a una prisión por no desmarcarse de sus simpatías alemanas.

Lo anterior muestra la situación tan ambigua y difícil de definir respecto al deber ser durante un conflicto bélico en donde hay un régimen que arbitrariamente invade a otro, llevándose de encuentro vidas inocentes, derechos humanos, derechos internacionales, etc.

Hace apenas unos días el director de orquesta ruso Valery Gergiev, uno de los más talentosos de su generación, fue despedido de sus cargos como director de la Filarmónica de Munich y el Verbier Festival de Suiza. Además, fue cancelada su gira en mayo a Nueva York con su Orquesta del Teatro Mariinsky, una gira en febrero con la Filarmónica de Viena, el Festival Gergiev de la Filarmónica de Rotterdam (de la que años atrás fue su director) así como funciones de Evgeny Onegin de Tchaikovsky con la Scala de Milán ¡imagínate lo que significa esto en términos de reputación artística e ingresos! En ningún caso Gergiev se desmarcó de su amigo Vladimir Putin. El alcalde de Munich Pieter Dieter fue contundente: “Munich se separa del director titular de su orquesta Valery Gergiev. Con efecto inmediato, no dirigirá conciertos de la Filarmónica. Valery Gergiev no se ha manifestado pese a mi llamada a distanciarse clara e inequívocamente de la brutal guerra de agresión que Putin está llevando a cabo contra Ucrania”. Rotterdam sí tuvo contacto con Gergiev pero el resultado de la conversación con este fue el de una “brecha infranqueable”.

Peter Gelb, Director General del Metropolitan Opera House de Nueva York acaba de terminar los contratos con la soprano rusa Anna Netrebko para las temporadas 2021 – 2022 y 2022 – 2023. Aún más lapidario Gelb declaró que “Es difícil ver un escenario en el cual ella pueda regresar (a cantar) al MET”. Netrebko ha cancelado presentaciones próximas en La Scala de Milán, la Ópera de Zurich y la Filarmónica de Hamburgo. Netrebko ha sido partidaria de Putin a lo largo de los años. Recientemente publicó una carta abierta en donde expresaba: “Antes que nada: me opongo a esta guerra. Soy rusa, amo a mi país pero tengo muchos amigos en Ucrania y el dolor y sufrimiento me rompe el corazón… quiero añadir una cosa más, sin embargo: forzar a los artistas, o a cualquier figura pública, a dar una postura política en público y denunciar a su patria no es correcto. Debe de ser una decisión libre”.  Otro artista ruso de alto perfil, el pianista Denis Matsuev, también relacionado con Putin, ha sido cancelado en Estados Unidos.

Esto no queda en el terreno de la música: el Ballet Bolshoi ha sido cancelado en su gira al Reino Unido.

Peor aún, el turno le ha llegado a las obras de arte: una producción de la gran ópera de Modest Mussorgsky, “Boris Godunov”, una de las grandes obras rusas, ha sido cancelada por la  Ópera Nacional de Polonia. Las razones aquí son históricas; Polonia sufrió mucho en las manos de los nazis y los soviéticos.

 Algunas personas comienzan a apuntar al doble estándar moral de occidente: ¿Dónde está la democracia, la libertad de elección? Este parece ser un cuestionamiento a punto.

 Hay otros rusos que también rechazan esta guerra: hace tres días un grupo de artistas rusos firmó una carta muy conmovedora: “Entre nosotros están los hijos y nietos de los que lucharon en la Gran Guerra, testigos y participantes de ese enfrentamiento. En cada uno de nosotros pervive una memoria genética de la guerra. No queremos una nueva guerra, no queremos que la gente muera.”. ¿Las firmas? Vladimir Urin, director del Teatro Bolshoi de Moscú, Valery Fokin, director del Teatro Alexandrinsky o el violinista Vladimir Spivakov. En otra carta tremenda, firmada por decenas de intelectuales rusos, incluyendo Dmitry Muratov editor, Premio Nobel de la Paz, músicos, cantantes de ópera, bailarines, etc. el mensaje es claro: “No creemos que la Ucrania independiente sea una amenaza a Rusia o a algún otro país… ¡Demandamos que esta guerra concluya!”

Tratando de encontrar una postura ecuánime ante esto, me parece que cualquier institución, teatro, festival, orquesta, etc. puede reservarse el derecho de contratación o terminación de contrato de algún artista que abiertamente haya fijado su postura a favor de Putin. Los elementos que tenemos respecto a las razones de esta guerra parecen muy endebles del lado ruso. Nadie está pidiendo que renuncien a su nacionalidad o a sus creencias, pero nadie puede exigir que se les tenga que contratar.

Creo también que aquellos que decidieron dedicarse a los suyo y se quedaron callados (evitando politizar) o los que abiertamente expresaron su rechazo no tendrían por qué ser cancelados. Este es el caso de Netrebko; hay quien apunta a que su carta no parece real, pero eso ya es una especulación. Ella dejó muy clara su postura: su rechazo a la guerra, pero su posición patriota a Rusia ¿Qué más quería el Sr. Gelb?

Sin embargo, hay algo inquietante: la cancelación del arte ruso; un arte que es tan ruso como universal ¿Cuánto disfrute y cuantos ingresos para occidente han representado las obras de Tchaikovsky, Rachmaninov, Mussorgsky, Prokofiev, Shostakovich, Rimsky? ¿Acaso tendríamos que quemar los libros de Pushkin, Dostoievsky, Tolstoy, Turgenev, Chekhov? el arte, la cultura, no tiene nada que ver en esto ni debe de ser censurada. Es absurdo que se cancelen a compositores o escritores universales de origen ruso.